Tengo una duda. O una pregunta. Llámela como quiera.
Con la victoria de Monseñor Fernando Lugo como presidente electo del Paraguay (y ahórrenme ficciones legales sobre su estado jurídico delante del Vaticano, pues sea o no de derecho, en los ojos del pueblo lo es de hecho), se me hace que la Iglesia Romana ya no puede atribuirse ser la portavoz del pueblo, sino portavoz de la coalición política liderada por el su Excelencia. Y temo (si, temo, soy Protestante pero no descarto por un instante la gran bondad que reside en el corazón de la Iglesia Romana) que a largo plazo eso puede representar una pérdida inmensa para el país. Es que su Excelencia dijo, “no robaremos un centavo del pueblo”… Ahora si hubiera dicho “no robaré YO un centavo del pueblo”, vaya y bien. Tendría como cumplir. Pero pretender que en esta colcha de retallos de coalición no hay ningún corrupto es bordear la insanidad. Los hay. ¡Y como los hay! Por lo que me consta, puede que sean menos que entre las filas de los Colorados. No sé. Me abstengo de opinar. Pero que hay corruptos, no me cabe la mínima duda.
Y entonces, cuando el pueblo descubre (como inevitablemente descubrirá) que hubo, si robo. Y mucho (porque idiota no soy). ¿Qué sucederá? ¿No les parece que el que va a llevar la mancha es su Excelencia? Y su Excelencia es (a los ojos del pueblo) un estelar representante de la Iglesia Romana. Lo que mancha al representante mancha a lo representado. Es claro que si las cosas van mal, el Vaticano hará todo lo posible para distanciarse, pero eso no cambiará nada a los ojos del pueblo. Se le eligió como un (según su propia afirmación) ‘hombre santo’. No porque tiene barba y es amigo de Chavez.
Ok. A corto plazo el apoyo de los de la persuasión Católica fue crucial en lograr la elección de su Excelencia. Y (por lo menos así lo esperamos todos los patriotas) hará cosas que beneficien al país. Entonces a corto plazo hay ganancia real. ¿Pero a largo plazo? ¿Ya pararon un solo instante para pensar en eso? Mañana su Excelencia se reincorpora a la Iglesia Romana, se levanta para dirigir una misa solemne, y se levantan y salen la mitad de la congregación, pues lo tienen como cómplice de ladrones. Y algún histérico se levanta (como a la gente les encanta hacer con los políticos) y grite, “ladrón, bandido”… ¿Quien hablará por el pueblo entonces?
Como protestante, anhelo que el pueblo Paraguayo sea iluminado en su fe. Pero muy lejos está de mí el deseo de ver la iglesia Católica Romana desacreditada. Mucho mejor es una luz parcial (con todo respeto lo digo) que la oscuridad profunda.

